Química y operación para la minería

Errores al comparar proveedores técnicos sólo por producto o precio

Comparar proveedores técnicos parece sencillo cuando todos ofrecen productos de la misma categoría. Se revisa precio, concentración, resistencia, rendimiento o una lista de características y se elige la opción que parece más conveniente.

El problema es que esas comparaciones suelen mezclar unidades distintas, condiciones de ensayo diferentes y costos que no representan el resultado final de la operación.

En minería, construcción especializada y procesos industriales, una comparación válida debe responder otra pregunta:

¿Qué alternativa entrega el desempeño requerido, bajo las condiciones reales de operación, con el menor costo funcional y el menor riesgo técnico?

Eso obliga a ir más allá del precio unitario.

El precio unitario no representa el costo real de una solución

Un precio por kilogramo, litro, tonelada o metro cúbico sólo es comparable cuando dos alternativas utilizan la misma cantidad, tienen pérdidas semejantes, requieren la misma frecuencia de aplicación y producen el mismo resultado.

En la práctica, eso rara vez puede asumirse sin verificarlo.

Dos productos pueden tener precios unitarios distintos y terminar con costos similares si cambian:

  • la dosis efectiva;
  • la frecuencia de aplicación;
  • el desperdicio;
  • el rebote;
  • la preparación necesaria;
  • el tiempo de ejecución;
  • la productividad;
  • la vida entre intervenciones;
  • el equipo requerido;
  • la mano de obra;
  • el retrabajo;
  • la disponibilidad de la operación.

Por eso el precio de compra debe convertirse en una unidad que represente la función real.

En concreto lanzado, puede ser costo por metro cúbico instalado y aceptado o por metro de avance sostenido.

En control de polvo, puede ser costo por kilómetro-día dentro del criterio de control requerido.

En dosificación química, puede ser consumo específico por tonelada tratada asociado con recuperación, selectividad o calidad del proceso.

La comparación deja de ser “producto contra producto” y pasa a ser “resultado contra resultado”.

Error 1: comparar precio por kilogramo o litro sin revisar dosis efectiva

Una solución más concentrada no necesariamente es más económica, y una solución más barata por unidad tampoco necesariamente cuesta menos en operación.

La dosis efectiva depende de la interacción entre el producto y el sistema donde se utiliza.

En aditivos para concreto, ACI reconoce que el desempeño puede cambiar con el tipo de cemento, materiales cementantes suplementarios, agregados, agua, temperatura y secuencia de adición. Una dosis recomendada no debe tratarse como una constante universal.

En procesos químicos ocurre algo similar. La mineralogía, el pH, la calidad del agua, la cantidad de finos y la superficie disponible pueden cambiar la demanda real de reactivo.

El dato útil no es únicamente cuánto cuesta un litro.

Hay que conocer cuánto producto se necesita para alcanzar el criterio de desempeño bajo condiciones comparables.

Error 2: asumir que una mayor concentración significa mayor rendimiento

La concentración es una propiedad del producto. El rendimiento es una relación entre producto, aplicación y resultado.

Un producto más concentrado puede requerir menos volumen de transporte, pero eso no demuestra por sí solo:

  • mayor eficacia;
  • menor dosis activa;
  • mayor persistencia;
  • mejor compatibilidad;
  • menor frecuencia de aplicación;
  • menor costo total.

En control de polvo de caminos, la EPA ha documentado que la eficacia depende de variables como tasa de aplicación, intervalo entre aplicaciones, tránsito, características del camino y condiciones ambientales.

Por eso comparar únicamente “porcentaje de sólidos” o “concentración” puede ocultar la variable que realmente controla el costo: cuánto tiempo se mantiene el resultado y cuánto trabajo exige conservarlo.

Error 3: usar el rendimiento teórico como si fuera rendimiento instalado

El rendimiento teórico se calcula bajo supuestos definidos de cobertura, espesor o consumo.

El campo introduce pérdidas que ese cálculo no siempre incorpora.

En concreto lanzado pueden aparecer:

  • rebote;
  • sobreespesor;
  • sobreexcavación;
  • rugosidad;
  • overspray;
  • caída de material;
  • traslapes;
  • purgas;
  • retrabajos.

Un análisis técnico de medición de shotcrete en minería mostró cómo el control de espesor únicamente mediante puntos aislados puede ocultar el volumen realmente utilizado. En el escenario evaluado, pasar de 50 a 60 mm representa geométricamente 20% más material. Ese porcentaje corresponde a ese caso y no debe trasladarse como regla universal, pero ilustra un problema de fondo: unos cuantos milímetros fuera de control pueden cambiar por completo el costo instalado.

El rendimiento correcto debe medirse contra material aceptado, no solamente contra material entregado.

Error 4: comparar resistencia nominal sin identificar el modo de falla

Una resistencia alta puede ser irrelevante si la falla ocurre por otro mecanismo.

En concreto lanzado y reparación pueden controlar el desempeño:

  • adherencia;
  • tenacidad;
  • espesor;
  • retracción;
  • deformación;
  • compatibilidad térmica;
  • preparación superficial;
  • agua;
  • carga dinámica.

El caso de Kiirunavaara es útil para entenderlo. El estudio documentó desprendimientos asociados con capas delgadas y problemas de adherencia. La resistencia del material, por sí sola, no explicaba la estabilidad del soporte instalado.

Comparar proveedores únicamente por “MPa a 28 días” puede ser correcto cuando la resistencia es el criterio dominante. Cuando el sistema falla por adherencia, deformación o espesor, esa comparación deja de representar el riesgo real.

Error 5: asumir que cumplir la misma norma vuelve equivalentes a dos productos

Una norma establece criterios y métodos de evaluación dentro de un alcance específico.

Cumplirla significa que el producto satisface esos criterios bajo las condiciones definidas. No significa que dos productos tendrán el mismo comportamiento en cualquier aplicación.

La equivalencia real puede depender de:

  • materiales locales;
  • temperatura;
  • agua;
  • sustrato;
  • geometría;
  • preparación;
  • método de aplicación;
  • tolerancia a variaciones;
  • mantenimiento;
  • condiciones de exposición.

Por eso una comparación sólida debe revisar qué propiedad cubre la norma, cómo fue ensayada y si esa propiedad representa la función que realmente controla el desempeño.

Error 6: evaluar una lista de características sin ponderar cuáles importan

Una ficha extensa puede dar la impresión de que una solución es superior porque incluye más atributos.

Pero no todas las características tienen el mismo peso.

El criterio correcto es identificar qué variables modifican:

  • el mecanismo de desempeño;
  • el modo de falla;
  • la productividad;
  • el consumo;
  • la durabilidad;
  • la seguridad;
  • el costo funcional.

Una característica que no modifica ninguno de estos puntos puede ser secundaria para esa decisión.

Por ejemplo, en un camino minero importan mucho más el material superficial, tránsito, humedad, frecuencia de aplicación y mantenimiento que una lista larga de propiedades comerciales que no se vinculen con la emisión o el desgaste.

En shotcrete, espesor, adherencia, rebote, productividad y condición del macizo pueden ser más relevantes que diferencias marginales en una propiedad que nunca controla la falla.

La comparación debe ponderar riesgo, no cantidad de características.

Error 7: ignorar productividad y tiempos improductivos

Dos sistemas pueden tener el mismo costo de material y producir costos operativos muy diferentes.

La productividad real debe considerar:

  • tiempo de preparación;
  • instalación;
  • bombeo;
  • limpieza;
  • cambios de frente;
  • bloqueos;
  • calibración;
  • curado;
  • inspección;
  • mantenimiento;
  • interrupciones atribuibles al sistema.

En minería subterránea, el sostenimiento forma parte del ciclo de avance. Una solución que reduce el costo unitario pero extiende la liberación del frente puede terminar afectando el costo por metro avanzado.

La comparación correcta no debe separar el producto del ciclo donde opera.

Error 8: no incluir pérdidas ni retrabajos

Cuando una solución genera mayor rebote, desperdicio, limpieza, reparaciones o reaplicaciones, el precio original deja de representar su costo real.

La misma lógica aplica en recubrimientos, reparación, control de polvo o dosificación química.

Si una alternativa requiere:

  • más preparación;
  • mayor frecuencia;
  • más limpieza;
  • mayor consumo;
  • correcciones recurrentes;
  • tiempos de parada adicionales;

esas actividades deben entrar en la comparación.

No porque una solución más cara sea automáticamente mejor, sino porque excluir esos costos hace que las alternativas dejen de compararse sobre la misma base.

Qué debería compararse en concreto lanzado y sostenimiento

Una evaluación técnica puede incluir:

  • volumen entregado frente a volumen conforme instalado;
  • espesor mínimo, promedio y variabilidad;
  • rebote y otras pérdidas;
  • productividad por hora o turno;
  • tiempo hasta liberación del frente;
  • adherencia;
  • resistencia temprana y final;
  • tenacidad cuando corresponda;
  • calidad visual y vacíos;
  • compatibilidad con la condición geomecánica;
  • agua presente en el macizo;
  • costo de retrabajo;
  • costo por metro de avance sostenido.

Esto permite comparar sistemas con diferentes precios de mezcla, equipos y métodos de aplicación sin reducir el análisis al costo por metro cúbico suministrado.

Qué debería compararse en control de polvo

El control de polvo exige definir primero qué fracción o criterio se quiere controlar. TSP, PM10, polvo respirable y visibilidad no son métricas intercambiables.

Una evaluación puede revisar:

  • eficiencia inicial;
  • duración del control;
  • tasa de aplicación;
  • dilución;
  • frecuencia;
  • volumen total de agua o producto;
  • tránsito;
  • peso y velocidad de vehículos;
  • contenido de finos;
  • humedad del camino;
  • drenaje;
  • precipitación y evaporación;
  • tiempo de camión cisterna;
  • combustible;
  • nivelación;
  • mantenimiento;
  • condiciones de seguridad.

El precio por litro tiene poco valor si no se relaciona con la duración y el nivel de control alcanzado.

Qué debería compararse en aditivos y productos químicos

En concreto, además del precio y la dosis, conviene comparar:

  • reducción de agua al mismo nivel de trabajabilidad;
  • retención de consistencia;
  • tiempos de fraguado;
  • bombeabilidad;
  • aire;
  • segregación;
  • resistencia a edades relevantes;
  • compatibilidad con materiales reales;
  • efecto sobre el ciclo de colocación.

En plantas de beneficio, la comparación puede requerir:

  • consumo específico;
  • recuperación;
  • ley;
  • selectividad;
  • estabilidad del proceso;
  • comportamiento frente a cambios de mineralogía;
  • calidad del agua;
  • respuesta ante finos;
  • impacto sobre corrientes aguas abajo.

Una comparación técnicamente válida debe mantener constantes, en la medida posible, las variables externas al producto.

La unidad funcional cambia la decisión

Una de las formas más efectivas de mejorar una comparación es definir una unidad funcional antes de pedir cotizaciones.

Esa unidad debe representar el resultado por el que realmente paga la operación.

Ejemplos:

Concreto lanzado: costo por metro cúbico instalado y aceptado o por metro de avance liberado.

Control de polvo: costo por kilómetro-día manteniendo el criterio objetivo.

Reparación: costo por superficie conforme durante el periodo de servicio requerido.

Reactivos: costo específico vinculado con el desempeño metalúrgico o de separación.

Aditivos: costo por metro cúbico de concreto que cumple consistencia, tiempo y resistencia requeridos.

La unidad funcional obliga a integrar consumo, pérdidas, productividad y desempeño dentro de la misma comparación.

Cómo estructurar una comparación entre proveedores

Una evaluación defendible puede seguir cinco pasos.

1. Definir el resultado esperado

La función debe establecerse antes de revisar marcas o precios.

2. Identificar las variables que pueden cambiar el resultado

Material, agua, ambiente, proceso, equipo, aplicación y mantenimiento deben quedar documentados.

3. Normalizar la comparación

Todos los proveedores deben evaluarse contra la misma unidad funcional y bajo condiciones comparables.

4. Validar con evidencia representativa

Cuando la decisión lo justifica, deben utilizarse pruebas de laboratorio, mockups, tramos piloto o pruebas de proceso con criterios definidos previamente.

5. Incorporar costo total y riesgo

El análisis final debe incluir consumo, pérdidas, productividad, mantenimiento, retrabajo y consecuencias de no cumplir el desempeño requerido.

Comparar mejor no significa elegir lo más caro

Una evaluación técnica rigurosa no parte de la idea de que la solución de mayor precio será la mejor.

Puede ocurrir que una alternativa de menor costo tenga el mismo desempeño, menor complejidad y mejor disponibilidad. En ese caso, elegirla es técnicamente correcto.

También puede ocurrir que una opción barata por unidad requiera mayor consumo, más frecuencia, más mano de obra o mayor retrabajo.

La diferencia no se resuelve con una regla comercial.

Se resuelve haciendo comparables las alternativas.

La pregunta final debería ser:

¿Cuál proveedor entrega el resultado requerido con el menor costo funcional, dentro del nivel de riesgo aceptable para la operación?

TREGA puede estructurar este tipo de comparaciones a partir de variables de campo, desempeño medible y costo instalado, para que la evaluación no dependa únicamente de precio, marca o ficha técnica.

Preguntas frecuentes

¿El proveedor más barato suele terminar costando más?

No necesariamente. El menor precio puede ser la mejor opción cuando las alternativas tienen desempeño equivalente bajo la misma condición. El problema aparece cuando se comparan precios sin normalizar dosis, pérdidas, productividad, mantenimiento y vida útil.

¿Qué dato debe compararse primero entre dos productos técnicos?

Primero debe definirse la función requerida. Después se determina qué propiedad, consumo o indicador representa mejor ese resultado.

¿Una mayor concentración permite comparar mejor productos químicos?

No por sí sola. La comparación debe considerar dosis efectiva, respuesta del sistema, frecuencia, pérdidas y costo por resultado.

¿Cómo se compara correctamente el concreto lanzado entre proveedores?

Además del precio de mezcla, deben medirse volumen instalado, rebote, espesor, productividad, resistencia, adherencia cuando corresponda, retrabajo y efecto sobre el ciclo de avance.

¿Qué significa costo funcional?

Es el costo asociado con cumplir una función medible: sostener un metro de avance, mantener un nivel de control de polvo, tratar una tonelada de material o conservar una reparación durante el periodo esperado. Permite comparar soluciones con precios y consumos distintos sobre una misma base.